Cuando se contempla por primera vez el Peñón de Gibraltar desde tierra, aire o mar, la impresionante dimensión del mismo dominando todo lo que le rodea produce un gran impacto en el espectador. Cuando los continentes africano y europeo chocaron, se formó Gibraltar y el Estrecho sobre el que estratégicamente se alza.
Esta almenara, que atrajo a sus primeros habitantes, tenía numerosas ventajas como lugar para vivir. El Peñón está formado por piedra caliza, que desde un punto de vista geológico, es muy diferente a la que se encuentra en sus alrededores; en su interior se encuentran más de 140 grutas naturales conocidas. Éstas se convirtieron en refugios perfectos para nuestros ancestros prehistóricos. A su vez, cuando el Mediterráneo era una llanura plana arenosa, estas cuevas proporcionaban seguridad cuando había que aventurarse a salir para conseguir alimento.
Hoy Gibraltar se alza como una península rocosa en el extremo Sur de la Península Ibérica, conectada a la misma tan solo por un estrecho istmo. Tanto desde un punto de vista histórico, biológico y político, se ha considerado a Gibraltar como una isla, especialmente en los últimos tiempos, pero físicamente, Gibraltar es una península.
Habitado por civilizaciones antiguas, fenicios, cartagineses, romanos, árabes, españoles y británicos, Gibraltar es resultado de una rica amalgama resultante de las culturas árabe, mediterránea y británica.
300 años de soberanía británica han dejado su impronta sobre esta fortaleza inexpugnable del Imperio Británico. Hoy en día mantiene su famoso carácter simbólico de fortaleza en la entrada del Mediterráneo.
Gibraltar es un lugar fascinante tanto para amantes del medioambiente, historiadores, ejecutivos de negocios y turistas.